Al final somos animales
Después de esta semana entretenida, en la que han legalizado el partido ANV, salieron las listas de los partidos políticos, con las que en pueblos pequeños como el mio sirve para marujear, de que OSASUNA ganó al Sevilla
1 - 0 y vamos con ventaja al Ramón Sánchez Pizjuán (lo siento por los sevillistas) , lo que hace aumentar nuestras esperanzas para Glasgow y ver un sueño cumplido. Unos días en que ha nacido la infanta Sofia y el tiempo sigue como una mierda, todo el día lloviendo y en los que he tenido que luchar contra mi ordenador que no se está más de 5 minutos en un estado normal . Lo que más me ha impactado de todo, gracias a mi apatia y hastio en lo que todo me importa un huevo, es que los seres humanos nos parecemos a los chimpancés y a los bonobos más de lo que creíamos.
Lo que me hace pensar que seguimos siendo unos seres insignificantes, muchos de nosotros poco civilizados y sin controlar su naturaleza animal, pues no hemos logrado desprendernos de ese egocentrismo tan característico de los animales. Y lo único que nos diferencia de ellos no son ni las emociones ni el razocinio si quiera, si no esa capacidad de reflexionar sobre nuestros propios pensamientos que nos permite tener la capacidad de decidir y de gozar de nuestra libertad.
Y también la imaginación, que como dijo Einstein: En los momenos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento!
Bueno aquí os dejo la entrevista que han publicado en el diario de navarra para que os entretengáis un poco y si os sirve como una dosis de humildad.
«Entre los animales no sobrevive el más fuerte, sino el más capaz de cooperar»
«La culpa y la vergüenza son emociones exclusivas de la especie humana», afirma el primatólogo, director del Yerkes Primates Center de EE UU, que ha presentado recientemente un libro en España.
Son nuestros pares en la naturaleza. Grandes primates como nosotros, dueños de inteligencia y sentimientos. Como los humanos, capaces de lo mejor y lo peor.
Los chimpancés son belicosos y crueles. Sus primos-hermanos los bonobos son los reyes del sexo desinhibido. Unos y otros permiten escrutar dentro del ser humano y ver qué nos hace distintos. «Menos distintos de lo que se creía», precisa Frans de Waal.
El director del Yerkes Primates Center de EE UU y autoridad mundial en el comportamiento social de los grandes simios presentó recientemente en España El mono que llevamos dentro (Ed. Tusquets) de la mano de CosmoCaixa.
-Bueno, ¿y qué mono llevamos dentro los humanos?
-Claramente, bonobos y chimpancés.
-¿Una mezcla de los dos?
-A veces sobresalen los chimpancés, territoriales y agresivos; otras veces los bonobos, más pacíficos. Y hay personalidades y comportamientos más parecidos a unos que a otros. En EE UU, la gente me dice que los republicanos son más como los chimpancés y los demócratas son más bonobos. Ahora llevamos un período largo de chimpancés y estamos preparados para una nueva etapa de bonobos (risas).
-Cuando se secuenció el genoma humano y el de los grandes simios se vio que la diferencia genética entre el hombre y el chimpancé es sólo del 1,2 por ciento. ¿Le sorprendió?
-No. Hay biólogos que creen que los humanos debiéramos pertenecer al mismo género que los chimpancés y los bonobos, pero ese siempre ha sido un punto polémico por razones políticas y religiosas. El estudio del ADN mostró que la diferencia entre un chimpancé y un humano es mucho menor que entre un chimpancé y un gorila, y eso fue un shock. Aún hay quien está molesto.
- Cuanto más se sabe de los primates menores parecen las diferencias con los humanos. ¿Cuál es el rasgo esencial que nos hace diferentes?
-Los descubrimientos de los últimos 25 años sobre los simios han llenado de agujeros la pared que los separaba de los humanos. Esa separación ya no está tan clara . Por ejemplo, nuestra capacidad de expresión oral es muy particular y la moralidad humana también es muy especial, aunque son diferencias graduales, no absolutas. Pero nuestra cultura, el hecho de que usted haga esta entrevista, eso es único del ser humano. Su trabajo no está amenazado. Por mucho que se parezca al ser humano, un chimpancé nunca ocupará su sitio (risas).
-Pero han caído mitos. Conductas que se creían propias del hombre, el cariño, los celos, la generosidad, la venganza... existen en otras especies.
-Hay muy pocas emociones exclusivas del ser humano. Puedo señalar la culpa y la vergüenza, y ambas tienen mucho que ver con las presiones sociales. Somos una especie en la que el individuo está sometido a mucha más presión social que entre los simios. La culpa, la vergüenza, son cuestiones relacionadas con la conciencia, que es algo muy humano. Por lo demás, cualquier emoción que se nos ocurra la podemos encontrar entre los animales.
Relación social
- Entre los bonobos, el sexo es el cauce básico de relación social, en todas sus variantes. ¿Nos enseña algo sobre los humanos?
-Los humanos somos también una especie muy orientada al sexo, aunque tenemos muchos tabúes. Usamos el sexo un poco como los bonobos, pero en un conjunto de relaciones bastante limitadas. Si fuéramos como ellos habría sexo en la calle todo el día. Un accidente de tráfico, una discusión, la gente practicaría el sexo para hacer las paces, saldar una bronca... Eso no ocurre, nos limitamos a cierto tipo de relaciones, pero dentro de ellas no funcionamos de forma muy diferente.
-Es decir, que seríamos como ellos de no mediar la religión, la moral, el código penal...
- No sólo. Las sociedades de bonobos y chimpancés las forman madres e hijos porque los machos no participan del cuidado de las crías. En los humanos la estructura familiar la componen hombre, mujer e hijos. En términos biológicos, el hombre tiene que asegurarse de que su descendencia es suya y garantizarlo es más fácil si restringe la reproducción de la mujer. Los tabúes alrededor del sexo, la insistencia en la fidelidad y la lealtad en una relación es un fenómeno típicamente humano, y está relacionado con la participación del hombre en el cuidado de los hijos. Es decir, esta sociedad patriarcal es el precio biológico que paga la mujer por hacer que el hombre se ocupe también del cuidado de los hijos. Es un precio muy alto, quizá, pero es un precio. Entre los bonobos los machos no hacen nada con la descendencia, no tienen ninguna preocupación por la fidelidad y por eso tienen una vida sexual bastante libre.
-Frente al concepto darwinista de la supervivencia del más fuerte, usted contrapone la supervivencia del más conciliador. Explique eso.
-La competición por ganar para sobrevivir es una necesidad para muchas especies de animales y de plantas, pero algunos animales, los lobos, los defines, los elefantes, los primates, el ser humano... sobreviven a través de la colaboración más que de la competición. En esos animales sociales cooperativos no será el más agresivo o el más fuerte el que sobreviva, sino el que tenga más capacidad o habilidad para cooperar.
-¿Cuál es su principal conclusión tras estudiar a los grandes simios?
-Los humanos tendemos a identificar lo negativo con el mundo natural. En un genocidio se dice que actuamos como animales. Lo que hay de noble en la naturaleza humana, el altruismo, la cooperación, la justicia, la moralidad... también existe en los animales y tiene, además, un componente biológico. Los humanos, sobre todo los occidentales, nos remitimos a la religión o a la cultura para explicarnos: «Somos buenos porque tenemos una educación, una cultura, religiones..." » El mensaje de mi último libro es que la gente debiera de dejar de considerar la biología sólo para cosas negativas.


No sufro locura, disfruto de ella cada minuto